jueves, 24 de septiembre de 2015

Otoño de buenas nuevas





 
Había escrito una entrada en la que contaba con pelos y señales todo el verano cacafuti que he tenido. Pero como no quiero ser el perro Tristón, y me quedaba demasiado larga (es que ha sido un verano muy cacafuti, creedme), he optado por dejar esa historia bien a resguardo en mi ordenador e imbuirme del rollo ese del optimismo y las flores, que en condiciones normales me parece una cagada muy grande, para contaros nada más que dos buenas nuevas que llegan con el otoño.

La primera es que ya he terminado la tesis. Sé que el mundo no podía vivir por más tiempo sin mi enorme aportación a las humanidades, así que ya está, ya podéis dormir tranquilos y volver a preocuparos de otras cosas más terrenales. Por si no se os ocurre nada con lo que dar vueltas al coco, aquí va una sugerencia: ¿cómo coño es posible que haya muerto ese que ha muerto en Culebrón de Tronos? ¡Ahhhhhhhh!

La segunda, no sé muy bien cómo expresarla sin un bonito mensaje gráfico a través de Instagram, pero lo intentaré: digamos que tengo otro bollito en el horno. O más claramente, que estoy otra vez metamorfoseándome en morsa. En pocas palabras, que estoy preñada, pero que muy preñada. El lunes pude ver por primera vez al responsable de que todo lo que como en el último mes y medio me siente como un tiro, y parece que está bien, con sus pataditas, sus latidos, su corazón bombeante y sus moñadas varias. 


A quién queremos engañar: no he podido resistirme y he tenido que preparar también una foto instagramera.


En fin, que el otoño se me antoja más azul que el gris verano.

lunes, 14 de septiembre de 2015

Discurso del oso






Con este post inauguro una nueva sección en mi blog que, como siempre, actualizaré cuando buenamente pueda.

En los últimos tiempos estoy desarrollando una nueva afición por los libros y los cuentos infantiles. Me encantan. No me imaginaba que me iban a gustar hasta este punto. Tanto es así que los libros para adultos han pasado a un segundo plano y cada vez que visito una librería no puedo evitar dirigirme rauda a la sección de niños.

Así las cosas, he decidido ir presentándoos poquito a poco algunas de las pequeñas joyas que se han hecho un hueco en las estanterías de esta casa. Como es lógico, los libros que más me gustan a mí no siempre son los que más le gustan a Mopito, aunque afortunadamente vamos convergiendo. Aquí primará por supuesto mi criterio, que para algo es mi blog (cuando Mopito quiera hablar de libros que se abra un canal de Youtube).

Pero antes de inaugurar oficialmente esta sección me gustaría apuntar dos de mis referencias principales en lo que a libros infantiles se refiere. La primera es la cuenta de Instagram de Beatriz Millán, a la que sube una estupenda recomendación cada día. La segunda es el blog de Star en Rojo, en el que de tanto en tanto cuelga sus sugerencias, a cual más apetecible (casi todas las podéis encontrar en la etiqueta El rincón del lector).

El libro que os presento hoy es Discurso del oso. He querido empezar fuerte con la que para mí es hoy por hoy la joya de la corona de nuestra colección. Discurso del oso es un cuento bellísimo escrito en 1952 por Julio Cortázar y más tarde incluido en su Historia de Cronopios y de Famas. Está editado por Libros del Zorro Rojo, editorial que ha dado vida a otros bonitos títulos como Salvaje o Bestiario, y concretamente se incluye dentro de la colección denominada “Libros de Cordel”, en la que aparecen historias de grandes autores (Neruda, Galeano, Saramago, Benedetti) que en principio no estaban dirigidas al público infantil pero que han sido reorientadas para conseguir captar la atención de los más pequeños. Las preciosas ilustraciones de esta edición corren a cargo de Emilio Urberuaga, ilustrador español muy conocido en todo el “mundo mundial” por haber dado forma al más famoso personaje de Elvira Lindo: Manolito Gafotas

Los libros infantiles siempre suelen entrarme por las ilustraciones. Pero para que me gusten de verdad, la historia tiene que estar a la altura, sobre todo porque Mopito es aficionado a la lectura en bucle y después de cinco vueltas consecutivas se agradece que el texto al menos sea interesante. ¿Qué le pido yo a una historia? O más bien ¿qué no le pido? Que no tengan moralejas demasiado evidentes o demasiado burdas. Que no sean maniqueas. Que no traten a los niños como si fueran idiotas. Que eviten los lugares comunes (las brujas, las hadas, las princesas, los sapos). ¿Parece demasiado para un cuento infantil? Puede que sí, pero os aseguro que Discurso del oso cumple todos estos requisitos. 

Discurso del oso tiene una cadencia con un ritmo perfecto para enganchar incluso a los más pequeños. Además apela a la imaginación más básica de los niños, esa que les lleva a veces a preguntarse cosas como ¿quién hace esos ruidos que suben de las cañerías? Julio Cortázar trata de explicárselo con una imagen tan hermosa como la de un oso peludo que recorre las tuberías de nuestro edificio, vigila nuestros sueños y bebe agua de una cisterna salpicada de estrellas. Y cuando llega la mañana aprovecha ese momento en el que nos estamos lavando la cara para lamernos la nariz. Después simplemente se va “vagamente seguro de haber hecho bien”.


martes, 1 de septiembre de 2015

Operación Guarde






Como llevo ya mucho tiempo fuera de combate, quería volver por todo lo alto, con un nuevo diseño, un cambio de plataforma, un dominio propio y el redoble de un tambor. Pero no ha podido ser. La vida es muy dura también en agosto. De momento estoy aquí, sobreviviendo a un verano al que me hubiera gustado darle una patada en el culo en más de una ocasión y con el que ya haré cuentas cuando se acabe de verdad, que no me fío un pelo y todavía puede jugármela.

Pero ahora al lío. En casa estamos metidos de cabeza en la OPERACIÓN GUARDE, que tiene una parte bella y hermosa, que es la de ir a comprar chándales al Primark, y otra que es fea, fea, que es en la que te imaginas a tu dulce criatura atravesando con paso vacilante, con su monito de peluche bajo el brazo y con su mochila de los Minions a la espalda, una cancela presidida por el letrero “Arbeit Macht Frei” para ser recibido por una turba de pequeños dementores dispuestos a sorberle toda la alegría de vivir. Pero bueno, aún tengo unos días para ponerle a Mopito La Gran Evasión y Cadena Perpetua en bucle e instruirle sobre cómo cavar un buen túnel con la cuchara del Petit-suisse.

En fin, que estoy en modo madre moñas. Alguno pensará que menuda gilipollez. Otros me dirán eso de que en la guarde se lo pasan genial, que aprenden mucho, que en seguida se acostumbran. Y oye, que yo no lo pongo en duda. Pero hasta que no lo vea, seguiré dando rienda suelta a estas fantasías de terror que me tienen todo el día suspirando “¡Ay, mi niño!” y desempolvando mis viejos trucos infantiles para fingir una enfermedad. 

Sugerencias, consejos y rituales de vudú efectivos para castigar a los pequeños malhechores que muerdan a mi pichón serán bien recibidos.