miércoles, 22 de abril de 2015

Españoles perdidos en México





El tío más grande que he visto en mi vida vendía dulces caseros en una gasolinera de Campeche. Parecía un granjero de Texas, rubio e inmenso, con un peto vaquero y un sombrero de paja, pero no se llamaba Johnny sino Juanito y hablaba español con perfecto acento mexicano. De Texas, o quizás de Oklahoma, era aquella camarera americana que no sabía ni una palabra de castellano. Tenía el brazo lleno de tatuajes y Pedro, cuyos conocimientos sobre la delincuencia moderna a veces me dejan patidifusa, aseguraba rotundamente que eran tatuajes carcelarios. Lo fueran o no, era imposible no preguntarse cómo narices habría ido a parar a Sabancuy, un pueblito pequeño y pobre situado al borde de la Laguna de Términos, antaño refugio de los más sanguinarios piratas.

En Edzná corroboré algo que ya creía saber: que los mayas no fueron ayudados por extraterrestres. Una señora estaba muy interesada en saber si el güerito iba a querer subir a la pirámide. En el camino de vuelta, al borde de un carretera desierta, encontramos un puesto de frutas que regentaba un anciano que quiso hacer su agosto con nosotros. Compramos mangos y plátanos y para cuando llegamos a nuestra habitación una hora después, todo estaba ya pocho.

Me enteré de que en Isla Arena había vivido Pedro Infante. Y me enteré de quién era Pedro Infante. De camino hacia allá, atravesamos la Reserva de la Biósfera de los Petenes y dejamos atrás varios pueblos muy diminutos y muy humildes. En una bifurcación, un hombre se nos acercó tanto, tanto y el hombre se parecía tanto, tanto a Pancho Villa, que por un momento nos temimos lo peor.

Pinchamos una rueda conduciendo por Champotón y llegamos a la conclusión de que no hay road trip que se precie que no termine con una rueda pinchada. Yo no sé cambiarla y Pedro es posible que sepa mucho de tatuajes carcelarios, pero de mecánica básica no tiene ni idea. Por suerte encontramos a un señor que no se parecía en nada a Pancho Villa y que colaboró muy amablemente con nuestra causa.

De vuelta en Ciudad de México visitamos el Parque Hundido y nos acordamos de Octavio Paz y de Ulises Lima y de ese pasaje extraordinario que dedica a su encuentro Roberto Bolaño al final de Los Detectives Salvajes. Y sentados en un banco del Parque Hundido, pensando en Paz, en Lima, en Belano, en García Madero y en todos los poetas del realismo visceral, soñamos que nuestra próxima rueda pinchada sería en algún lugar perdido en los desiertos de Sonora.

24 comentarios:

  1. Cada vez escribes mejor, yo también me acabo de enterar de quien era Pedro Infante. ¡Buen viaje!

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    1. Pues es que en el faro de Isla Arena, que era un sitio espectacular, tenían un museo y nosotros esperábamos encontrar pues lo típico de la historia de la flora y la fauna del lugar, las ocupaciones prehispánicas, etc. Pues no, en el museo había un par de fotos de aves autóctonas y luego una retrospectiva de la vida de este hombre que no se entendía muy bien a qué venía... Pero oiga, lo que aprendí!

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  2. Qué bien que escribe esta muchacha. A sus pies, Paula. Muy fan.

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  3. Libro de viajes ya, Paula. ¡Editoriales, pasen por aquí!

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    1. Eso, eso! Y que lancen sus ofertas millonarias :P

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  4. Menuda aventura, con tatuajes carcelarios y pinchada de ruedas incluída!

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    1. Pues sí, aunque lo de la pinchada de rueda nos lo podíamos haber ahorrado. Eso sí, queda genial en la historia ;-)

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  5. Estoy con Diana... cada vez que publicas me quedo pegada a la pantalla leyendo cada palabra embobada. Siempre te digo lo mismo amiga, pero ¡menudas experiencias! Yo quiero que escribas un libro :) Y sí, tenemos que ir pensando en cómo y cuándo.

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    1. Gracias guapa, eres un solete! Ya estamos en ello ;-)

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  6. Menudo texto. Eres una genia. Me ha encantado. Ha sido como empezar un libro. Pena que no lo sea. He visualizado todo lo que describes. Buen viaje, literata.

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    1. Gracias bonica! Con estos piropazos me lo voy a acabar creyendo y voy a tener que empezar a darme al alcohol y a las drogas, que es lo que mandan los canones para escribir una novela!

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  7. ¡Qué bueno! He vivido cada momento con vosotros, menos lo de la rueda que como tampoco se cambiarla me perdí por el camino ;) ¿volvéis ya? Un besazo!

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    1. Aquí estamos ya! Yo ni idea de cambiar ruedas y eso que es la segunda vez que nos pasa! Pero Pedro esta vez creo que se ha enterado, que el buen hombre que nos ayudó era muy didáctico!

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  8. Me encanta cómo cuentas tus viajes. El güerito no para de crecer ¡está enorme!

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    1. Está inmenso, los abuelos han flipado en colores! Gracias bonica!

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  9. Pero bueno mira que no saber de tatuajes carcelarios! Menos mal que tienes a Pedro...jajaja. Muy chulo el post! un beso guapa!

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    1. Pues sí, él estaba convencidísimo que los tatuajes estaban hechos en la cárcel... Yo no sé si es que ha visto demasiado Orange is the New Black o qué...

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  10. ¿No te comieron viva los moyotes -mosquitos? Que en Campeche es donde más fuerte muerden estos bichos ¿Qué te ha parecido? ¡A mi el sur de México me parece precioso! ¡Qué bueno que andes por acá!

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    1. No, la verdad es que no tuvimos mucho trato con estos seres, afortunadamente :))
      Pues me ha gustado muchísimo. Es un sitio muy poco explotado turísticamente, que es lo que buscábamos nosotros, así que genial. Las playas tienen el encanto de no estar privatizadas (la mayoría) pero también bastantes problemas de higiene (la basura se acumula en ciertas zonas y eso da bastante pena). Pero el lugar es espectacular y la ciudad fascinante!

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  11. ¿Y el güerito subió hasta arriba o no? :)
    Sois unos aventureros, me pasa a mí lo de la rueda y me da un patatús...

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    1. Jaja, el güerito no subió a la pirámide porque no dejaban subir (aunque intentó saltarse la valla). Pero subió hasta arriba de otra construcción un poco más baja y lloró amargamente cuando lo bajamos de allí :)

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