miércoles, 11 de marzo de 2015

Teotihuacan






Por primera vez en mi vida he visto una pirámide de cerca. Antes, este tipo de visiones me producían siempre mucha turbación. No os voy a hablar del síndrome de Stendhal porque todos hemos visto anunciado el mismo coche. Pero supongo que algo así era lo que sentía al tropezarme con este tipo de maravillas, retazos de un mundo ya extinto, auténticas supervivientes de la historia. Estos encuentros me sobrecogían y me daban mucho en lo que pensar.

Ahora es distinto. Porque desembarcar en un recinto arqueológico de varios kilómetros cuadrados como es Teotihuacan con un bebé andarín bajo el brazo también resulta inquietante, pero en un sentido muy diferente. A un lado la Pirámide de la Luna y al otro la Pirámide del Sol se erigen imponentes. Me emociono un poco y me doy cuenta de que el tiempo apremia si queremos verlo todo. Entonces Mopito enfila hacia la papelera y comienza a dar vueltas en círculos a su alrededor, pletórico. Uno puede ver como a lo lejos la gran Pirámide del Sol, la tercera más grande del mundo, se va haciendo cada vez más pequeñita. Pasamos la siguiente media hora tratando de convencer al pequeñajo de que avance en alguna dirección. Hay protestas, grititos, y desesperación. Pero todo llega en esta vida y al final se cansa y acepta que lo subamos a la mochila. 

Tres pasos más adelante siento que algo huele a chamusquina. Es el culo de Mopito. Así que paramos en la escalinata de acceso a la Plaza de la Luna y allí, encima de las ruinas precolombinas, procedemos a realizar un cambio de pañal. Sin duda, éste es el momento más transcendental de toda la excursión

En el otro extremo de la plaza se encuentra el Palacio de Quetzalpapálotl. Hay que subir un par de escalones para acceder a sus salas. Mopito los sube y los baja una y otra vez, una y otra vez. Después se para en el más alto y empieza a recopilar piedrecitas. Dice Pedro que son piedras volcánicas. Por mi como si son piedras talladas por la mismísima Malinche. Llevamos allí casi dos horas y apenas hemos avanzado unos pocos metros.

Por fin, en algún punto de la Calzada de los Muertos, Mopito se duerme. Ya no tenemos tiempo para subir a la cima de la tercera pirámide más alta del mundo, así que caminamos entre cactus, vendedores ambulantes y ruinas varias hasta el Templo de Quetzalcóatl, rapidito que ya es muy tarde y no va a tardar mucho en despertar. Está claro que el bueno de Stendhal no viajaba con niños.

24 comentarios:

  1. ¡Me ha encantado, Paula! :-D Has descrito cualquiera de nuestras salidas, con la diferencia, claro, del escenario. ¡El vuestro es mucho mejor! Y por cierto, no recordaba lo que era el síndrome de Stendhal... Siempre hay algo que recordar o aprender contigo. Besos (sin grititos :p )

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    1. Sin grititos madre mía, que nos tienen fritos... Está claro que es el momento de reafirmarse... Yo estoy empezando a pensar si no me valdría más la pena empezar directamente a caminar en dirección contraria a la que me dirijo, visto que el renacuajo siempre, siempre se empecina en ir justo para el otro lado. Eso es psicología inversa ¿no?

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  2. Toda la razón, los viajes con niños ya no son lo que eran, hay que planteárselos de otra forma: para mí tienen una parte positiva y es que hacemos un turismo más lento, vemos menos cosas pero nos paramos más. No sé, las veces que hemos viajado con M fueron un poco como tú describes pero aún así, me quedan buenos recuerdos.
    Y no todos los días se puede cambiar un pañal al pie de una pirámide

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    1. A mí también se me quedan muy buenos recuerdos y es una experiencia que me encanta. Pero in situ a veces puede ser desesperante. Y luego tiene un truco: los planes con niños obligatoriamente tienen que ser muy poco ambiciosos y este de Teotihuacan era más ambicioso de lo recomendable, de ahí parte del problema. Aunque voy a confesarte una cosa, ahora que no nos oye nadie: la verdad es que no tenía ninguna gana de subirme los 300 escalones de la pirámide, así que tuvimos la excusa perfecta. Un besote!

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  3. jajaja, Stendhal le enchufaba los niños a la mujer y santas pascuas! Él no sé, pero no creo que ella hubiese podido ver tanto de Teotihuacan como tú... maldito Stendhal! x)

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    1. Jajaja, eso es verdad, la mujer de Stendhal seguramente se hubiera tenido que conformar con éxtasis mucho más mundanos. Besotes!

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  4. Paula, ¿inmortalizaste ese cambio de pañal? Porque yo seguro ponía esa foto en el album jejeje Viajar con niños es...inesperado. Yo ya he aprendido a ir con mucha más antelación y a tomarmelo con toda la calma, asumiendo que veo la mitad de la mitad de la mitad de lo que querría ver.
    Por cierto, ese lugar tiene que ser impresionante, siempre me ha apetecido ver una pirámide.
    Besos!

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    1. Ay, pues no lo inmortalicé. De hecho, hice más bien poquitas fotos para lo que yo soy, pero la luz era tan fuerte que complicaba mucho las tomas. Está claro que hay que ir con muuucha calma, pero bueno, yo ya no aspiro a ver todo sino a hacerme una idea de cómo está el percal, a darme un garbeo y a pasarmelo bien, porque si no menudo agobio!!
      El sitio era espectacular, parecía un cliché de lo que uno se imagina de México.

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  5. Debe de impresionar encontrarse en medio de tanta maravilla, ahora, el momento "cambio de pañal" me ha encantado! jajajaja. Un beso guapa!

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    1. El momento cambio de pañal fue como muy profundo pensado después, pero en el momento sólo quería terminar rapidito.

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  6. Menuda experiencia la vuestra, jaja. Eso del cambio del pañal en medio de las pirámides es una bajada a la tierra en toda regla. No he estado en esa zona, pero me lo imagino parecido a Chichen Itzá, donde sí he estado, y es alucinante. Qué emoción el viaje :)

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    1. No conozco Chichen Itzá, me imagino que tiene que ser una pasada. Aunque Teotihuacan es una ciudad bastante más antigua y la Pirámide del Sol es unos 1000 años anterior al templo de Kukulkán (ahí es nada!). Sin embargo, aunque no lo he visto, me parece que la pirámide de Chichen Itzá es más bonita y armoniosa y que está más trabajada (la del sol tiene un aspecto un tanto tosco). Besazos!

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  7. Jajajaja ¡pero qué bonito es ser padres! Cuando los peques entran en bucle no hay quien los pare, y son capaces de pasarse horas dando la vuelta a un árbol. Aún así y aunque supongo que llevabas años soñando con ese momento, siéntete pletórica de haber podido visitar semejantes pirámides y tener una experiencia tan curiosa que contar como que sobre aquellos escalones cambiaste un pañal ;) No todos los padres pueden tener ese momento en su mochila. Un abrazote

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    1. Eso es cierto. Bendito momento en el que se durmió. Lo que pasa es que cuando estaba ahí viéndole dar vueltas sin parar a una papelera por algunos minutos estaba segura de que después del madrugón, de haber pagado el transporte y la entrada al recinto eso era básicamente lo único que iba a hacer en todo el día. En fin, pese a todo, la experiencia mereció la pena!

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  8. Qué maravilloso es el turismo con bebés, ¿verdad? Todo son facilidades. Antes nosotros íbamos mucho a ver exposiciones, ahora la verdad es que me da miedo por lo que pueda liar Maramoto... La dura vida de padres :-D ¡Un beso!

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    1. Jajaja... Pedro en un momento de la excursión dijo que se acababa eso del turismo con bebés... Pero luego se arrepintió. Se hace durillo, pero yo creo que hay que seguir intentándolo, para que no digan que no salimos de nuestra zona de confort... Besotes!

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  9. Jajajajaja, ¡¡genial!! Viajar con niños es muy distinto, pero yo creo que merece la pena. Mi idea es viajar con los enanos lo máximo posible.

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    1. Sí que merece la pena creo yo... Sobre todo porque la maternidad no puede ser limitadora en cosas que nos gustan, hay que aprender a integrarlas. Besos!

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  10. Ayy.... qué bonito es viajar con niños jeje Es cierto que no puedes descubrir cada rincón con la tranquilidad con la que lo hacías antes, pero también es enriquecedor. En nuestro caso, sé que Asier no se acordará de aquel viaje a Londres con 8 meses, pero tendrá las fotos de recuerdo y será bonito contarle las cosas que hicimos con él, enseñarle que la vida no se para aunque tengas hijos y que no podría haber disfrutado del viaje sin haberle tenido a mi lado. Un beso enorme guapa, gracias por traernos crónicas de vuestra aventura ;)

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    1. Pues sí, así es, es importante transmitirles que ellos no son una limitación, creo yo. Pero aún así a veces qué difícil es avanzar un poquito por el mundo con ellos :) Besotes!

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  11. Jajaja, me parto con el cambio de pañal, espero que hicieráis foto

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    1. Jaja, pues no, yo sólo quería acabar pronto y dejar de profanar las ruinas de aquella manera...

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  12. Buen dia
    Me encanto tu relato. Tengo pensado ir con mi mujer y mi bebe (va a tener casi 2 años para cuando viaje en marzo del 16) te consulto si el calor era intenso y si existe en algun punto del predio algun lugar para resguardarse del sol en caso de ser necesario.
    Espero tu rta. y desde ya muchas gracias!

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    1. Hola!
      Espero no llegar tarde.
      Sí que hacía bastante calor y el sol pegaba con fuerza. No hay muchas sombras: algún muro no muy alto y en la zona del palacio de quetzalpapalotl, restos arqueológicos de habitaciones cubiertas (con techo), donde se está bien. Pero ten en cuenta que el recinto se extiende a lo largo de una zona desértica de varios kilómetros cuadrados, así que es importante ir bien protegido. Crema y sombrero son fundamentales y nosotros incluso nos llevamos una sombrillita. Qué lo disfrutéis!

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