viernes, 16 de enero de 2015

Maternidad política (I): charla sobre lactivismo con Ester Massó




Siempre he pensado que la maternidad es una cuestión muy política, aunque hasta ahora haya sido más bien recatada a la hora de volcar en este blog mis opiniones sobre algunos de los aspectos más polémicos de la crianza. Pero entonces mi amiga y antigua compañera Ester Massó Guijarro aceptó que le hiciera una especie de entrevista con vistas a publicarla en este espacio. Ella es filósofa y antropóloga, profesora en el departamento de Antropología Social de la Universidad de Granada, madre de dos niños, lactivista, socia activa de la asociación Mamilactancia y con un trabajo a sus espaldas que ha ido orientando cada vez más hacia la comprensión sociopolítica de la lactancia y de la crianza. Con estos antecedentes era inevitable que acabara mojándome.

Y de perdidos al río, porque la cosa se nos ha ido bastante de las manos y en lugar de la entrevista sencillita que tenía en mente, nuestra charla se ha ido pareciendo cada vez más a los diálogos de Platón. Y es que nos hemos pasado varias semanas intercambiando escritos, en una conversación larga e intensa que parecía que no iba a acabar nunca. Como resultado, a mí se me hacía cada vez más difícil la labor de convertir todo esto en un texto que este blog pudiera digerir. Sin embargo, no quería mutilar esta conversación así que he decidido publicarla de forma casi íntegra en este enlace para los más frikis de vosotros, y para el resto, para los que llegáis hasta aquí por el morbo y el cotilleo, iré directamente a la chicha en este resumen jugoso y suculento que os hago a continuación.

Conocí a Ester cuando estaba embarazada de su segunda hija. Recuerdo que me sorprendió mucho la forma de organización familiar que habían elegido ella y su pareja: Jose, su chico, enfermero de profesión, había pedido una excedencia para cuidar a su hijo mayor que después alargaría para encargarse también de la pequeña. Así que Jose seguía a Ester allá dónde ésta fuera. Los compañeros sabíamos que cuando nos cruzábamos por el pasillo con Ester camino de su despacho, de la biblioteca o de un seminario, Jose y los niños no debían andar muy lejos. A veces se veía a Ester salir discretamente de una reunión y volver a entrar con un bulto chupóptero amarrado a su cuerpo, que después se dormía en su regazo tranquilamente mientras los allí reunidos seguíamos con nuestros rollos.

Claro, Ester tenía un trabajo que le permitía mantener esta dinámica. Y tenía una persona a su lado que la apoyaba al ciento por ciento. Porque como ella comenta en una de las réplicas de nuestra conversación, su crianza puede llamarse feminista no porque ella haya elegido seguir trabajando después de tener un bebé, sino porque su chico se comportó de una manera feminista al asimilar las labores de cuidado tradicionalmente asignadas a las mujeres y subvirtiendo en cierta manera las normas de la masculinidad hegemónica. Al final, supongo que ese es el objetivo de muchas familias hoy en día: que nuestros trabajos nos permitan cuidar y atender a nuestros hijos activamente y que no se entienda esta tarea como privativa de las mujeres.

Ester y yo discrepamos en algunas cosas. Más de forma que de fondo, seguramente. Ella le otorga a la lactancia materna una primacía ética de la que yo no estoy nada segura. Aunque en su réplica matiza que el lactivismo no “plantea la lactancia como una prescripción moral para las mujeres” y que ella ha encontrado en los círculos lactivistas uno de los espacios más respetuosos con la autonomía y la decisión de las madres, personalmente, no creo que deba apelarse ni a la ética en un sentido universal, ni menos aún a la ciencia para resolver este conflicto. La experiencia en todas sus facetas es para mí la clave del proceso. Lo que no quita para que sea perfectamente consciente de que ciertas instituciones (con la medicina y la biología a la cabeza) han trabajado históricamente para “convencer” a las mujeres de que sus cuerpos son inútiles. Por supuesto, creo firmemente en la necesidad de destapar los intereses que juegan detrás de estas falacias y de apoyar a las mujeres que se sienten inseguras con su cuerpo a consecuencia de ello. El problema es que en este contexto opresivo, además, se produce otro fenómeno que en mi opinión no hace más que contribuir al desquicie generalizado de las madres: la presión para dar el pecho. No digo que esta presión proceda particularmente del lactivismo: es ubicua y suele estar teñida de cientifismo. En estas circunstancias, en las que discursos tan dispares tratan de abrirse paso casi a la fuerza en los cuerpos de las mujeres, el drama está servido.

Tampoco coincidimos Ester y yo en la valoración que hacemos de la leche de fórmula. Me da la sensación de que se han sobredimensionado algunos de los efectos para la salud que puede conllevar la leche de fórmula. El resultado de ello ha sido una demonización sistemática de este producto que a mí personalmente me parece excesiva y sin parangón con la importancia que se le otorga a otras conductas de alimentación y vida. Cabría recordar que la salud es un agregado de hábitos, comportamientos, modos de vida y genes tan complejo que sencillamente no tiene sentido valorar la incidencia de un solo elemento de una manera tan drástica. Otra cosa son, a mi modo de ver, los estudios sobre la leche materna, algunos de ellos realmente apasionantes. Yo me asombro y me emociono con frecuencia al escuchar lo que algunos médicos consiguen lograr únicamente administrando leche materna a los lactantes.

A pesar de todo, creo que las convergencias son mayores. Ester cree firmemente en el potencial de la teta para cambiar el mundo. Yo no sé si soy tan optimista como ella, pero estoy segura de que la teta tiene mucho empuje. Todavía no deja de sorprenderme lo extendidísimo que está el tabú de la lactancia, incluso en países como España en donde todavía no existe la controversia como la que se observa en los espacios públicos de otros lugares, con Reino Unido o Estados Unidos a la cabeza. Sin embargo, aquí también sigue sin entenderse ni respetarse la decisión de extender la lactancia más allá de cierta fecha (normalmente, en torno al año). Me maravilla descubrir el desasosiego que provocan imágenes como aquellas tan famosas que aparecieron en la revista Time el 21 de mayo de 2012, dentro del reportaje “Are you mum enough?”. ¿Por qué? ¿Por qué este revuelo? ¿Por qué a algunos les resulta “raro”, “desagradable”, “extraño”, “antinatural”, “anormal”, “insano” que una mujer dé el pecho a un bebé más mayor? ¿Por qué la teta despierta chanzas de todo tipo cuando el niño es ya capaz de nombrarla? ¿Por qué una madre amamantando es capaz de incomodar incluso a ciertas personas que defienden  la libertad de las mujeres para tomar decisiones sobre su propio cuerpo en otras parcelas del proceso reproductivo (anticoncepción, aborto, etc.)? Está claro que la teta, con su capacidad para revolver algunos de los estómagos más acomodados de nuestro entorno, resulta para muchos una auténtica amenaza. Y supongo que el hecho de que despierte tanta inquietud es la mayor prueba de que de alguna manera lo es.


De ahí la importancia que tiene una de las acciones más interesantes que, como lactivista, he visto a Ester realizar sistemáticamente: dar el pecho públicamente, sin ningún pudor, sin ningún tapujo, sin ningún reparo, en cualquier sitio, sin taparse, sin ocultarse, con mucho orgullo. En algún lugar he leído que hay algunas mujeres que amamantan con tan poca vergüenza que parece que lo hacen para provocar. Bueno, pues digamos que una de ellas es Ester. Y qué queréis que os diga, ¡viva la provocación! Que la teta sea pública, que reivindique el espacio del que la habían expulsado, que se haga visible y que señale acusadora a todos esos que la temen o la niegan, me parece una acción muy política y muy necesaria. Sobre todo si se piensa la teta como un símbolo de la economía del cuidado, cuyo papel histórico ha sido muy infravalorado desde las posiciones hiperproductivas (masculinas) del capitalismo.

En fin, os animo a leer la conversación al completo. En ella hablamos de lactivismo, de lactancia materna, de la naturalización de las prácticas de crianza, de feminismo y de ciencia, entre otras cosas. Quizás de entre todo me quedo con esa idea sencilla pero muy gráfica de que no se puede hablar de lactancia en singular, si no de “lactancias”. Y si queréis conocer un poquito más del trabajo de Ester, podéis pinchar en los siguientes enlaces para acceder al audio de una entrevista que concedió a Radio Almaina y a un par de artículos de los que es autora:

Entrevistas en radio: 

Enlaces a artículos: 

 NOTA: Agradezco especialmente la colaboración de Pedro en la edición del formato del texto de la entrevista. ¡Gracias pichurrillo!


24 comentarios:

  1. Jolines, me has dado que pensar para toda la semana. No digo más porque no sé qué más se puede añadir a todo esto

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    1. Vaya! Es que a veces me pongo un poquito intensa... Pero espero haberte dejado pensando en plan bien, eh? Un besote!

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  2. Leyendo el post me han entrado muchas ganas de leer "el completo". Ya te comentaré más cuando lo haga. La lactancia me apasiona, soy una de esas frikis, jajaja! Sólo decirte que lo de el potencial de la teta para cambiar el mundo... estoy por tatuármelo en la frente!!! Me ha encantado!

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    1. La lactancia es un tema políticamente apasionante y prueba de ello es lo polarizadas que están las posturas en torno a él. Yo a estas alturas de la vida soy poco optimista con cambios, pero desde luego pienso que si hay algo por lo que apostar es por los valores reproductivos, la ecología y el cuidado. Aunque muy denso, el texto merece la pena así que espero que lo disfrutes. Un besazo!

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  3. Muy buen post. A ver si saco tiempo para la conversación entera. Estoy más de acuerdo contigo que con ella en lo que comentas aquí.
    Un besote

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    1. Gracias! La verdad es que Ester y yo estamos de acuerdo en muchas cosas, pero aquí he destacado algunas en las que no lo estamos (aunque me he dejado otras discrepancias en el tintero). Ella es una persona muy militante y yo en cambio no soy más que una espectadora pasiva del lactivismo, al que miro con mucho interés en ciertos aspectos y con precaución en otros. Si tienes tiempo de leerla, espero que la disfrutes! Un besazo!

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  4. Qué interesante todo, Paula, y da mucho sobre lo que pensar. No he leído la conversación completa, sí el intenso post y me ha encantado lo que mencionas sobre la teta como símbolo de la economía del cuidado. Lo cierto es que hay mucho que reflexionar sobre ello y que yo tampoco veo provocación alguna en un hecho básicamente natural. El erotismo está en los ojos del que mira y no en el bebé que mamá para obtener su fuente de alimento y cuidados diarios. Besos

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    1. La teta funciona estupendamente como símbolo de la economía reproductiva y en ese sentido debería ser un valor a defender claramente por los que tenemos una sensibilidad más comprometida con los problemas y las desigualdades que genera el sistema económico actual. En la entrevista tanto Ester como yo, aunque con diferencias a la hora de expresar algunos puntos, hablamos mucho también del fuerte componente cultural del amamantamiento y de la importancia que eso adquiere en toda la experiencia lactante. Aún así, eso no justifica en ningún modo esa forma de juzgar tan despectiva que tienen algunos y que yo la verdad es que no sé por donde coger. Sólo me lo explico como una expresión del miedo que tienen a que las cosas sean distinas a como ellos creen que deben ser. Un besote!

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  5. Sin haber leído la conversación completa, en principio creo que estoy más de acuerdo contigo que con ella. Intentaré leerla, pero precisamente por estar todo el día con la teta fuera, y el resto del tiempo libre (poco) atendiendo al maor para procurar que los celos sean menos, no puedo prometer nada.

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    1. Ay no, deja, el tiempo que te dejen libre intenta ver una peli o darte un paseo o algo más entretenido que esto, que la verdad es que los humanistas a veces nos ponemos de un pedorro que no hay quien nos aguante. Un besazo guapa y mucho ánimo!

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  6. :-O Así me he quedado al ver la entrevista, interesantísima hasta donde he llegado de momento (página 5), maquetada y todo. Tan interesante como el resumen que nos haces en tu post. No suele toparse uno por este mundillo con artículos tan sesudos, argumentados y razonados. Y te tengo que decir que se agradece y mucho. Genial post, Paula.

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    1. Gracias Adrián, me alegro de que te guste. El trabajo de Ester es súper interesante, os lo recomiendo mucho (aunque como ya ves, yo discrepo en ciertas cosas). A mí me interesaba sobre todo ver cómo compaginaba ella su feminismo con el lactivismo y como respondía a las duras críticas de otras ciertas feministas a la lactancia. En este aspecto útimo sí coincidimos las dos y mucho. El problema es que la cosa se nos fue de las manos y ya ves, ¡14 páginas! Un besote!

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  7. Yo soy de las que me aferro al vive y deja vivir, creo que cada uno es muy libre de hacer lo que le venga en gana sin necesidad de ser juzgado.
    Me parece genial que haya madres que den el pecho a sus hijos hasta cuando les venga en gana, tenga el niño 3 meses o 7 años. Pero también creo que es maravilloso que se pueda dar todo lo contrario. Siempre sin juzgar.
    Un besote!
    Marialu

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    1. Sí, estoy de acuerdo. Por eso hablo de la experiencia como factor decisivo: creo que cada madre y cada familia debería tener la capacidad de decidir sin ser juzgados, en base a su propia experiencia (y no a otras instancias prescriptoras, como las instituciones científicas) lo que es mejor para ella y su familia. Lógicamente esto no es válido para todo: hay actitudes que en mi opinión no se pueden justificar (agredir, violentar, etc.), pero yo creo que resulta difícil aplicar una visión universalista de este tipo a la lactancia. Por eso me gusta la propuesta de hablar de "lactancias" en plural, que me parece inclusiva de cualquier tipo de experiencia. Y por eso también pienso que es importante politizar la lactancia, para desterrar las actitudes más intrusivas que se dan en ciertas instituciones y que con frecuencia están dirigidas a anular la voluntad de las madres (tanto de las que no quieren dar el pecho, negando un biberón en un momento concreto, por ejemplo, como de las que quieren darlo, con falta de apoyo y desinformación). Gracias por comentar!

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  8. "Ciertas instituciones (con la medicina y la biología a la cabeza) han trabajado históricamente para “convencer” a las mujeres de que sus cuerpos son inútiles." Tengo que decir que me encanta esa frase. Es complicado ir en contra de esta sociedad patriarcal en la que vivimos. Me ha encantado tu reflexión, desde luego que da que pensar. Mucho. La conversación estera, esta noche (siempre que Mara me de un minuto de paz :-)) Me parece interesantísimo. Y creo que no puedes escribir mejor. Felicidades por este pedazo de artículo. Muchos besos.

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    1. Muchas gracias bonita. Ya te dije el otro día que estamos sintonizadas. Me alegro de que te haya gustado, el trabajo de Ester es súper interesante y merece la pena. Un besote!

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  9. Yo voy a rizar aún más si cabe el rizo, me queda parte de la entrevista por leer así que no sé si ha salido el tema. En mi opinión la lactancia en público se ha vuelto para muchos provocativa y obscena porque el cuerpo de la mujer de siglos a esta parte se ha sexualizado en demasía. No solo nos han venido la idea como bien citas de qué nuestros cuerpos son inútiles, sino que además han añadido un gran poder a los pechos como algo que se muestra para despertar la sexualidad, sin tener en cuenta que su principal función es la de amamantar. Sin caer en el feminismo extremo estoy convencida de qué la sociedad de hoy en día por desgracia ve la lactancia como algo "impuro" e insignificante, no ven la necesidad de seguir amantando cuando hay otros métodos. Y por desgracia para muchos mostrar el pecho en público sigue siendo sinónimo de "pornográfico" y no como un acto normal de mamíferos como seguimos siendo. Afortunadamente parece que comenzamos a vislumbrar la luz y que cada día son más mujeres y profesionales los que se suben al carro para demostrar que la lactancia es algo natural y necesario. Cada mujer tiene derecho a elegir si quiere o no amamantar, pero si la elección es dar el pecho deberíamos cambiar la mentalidad de esta sociedad retrógrada y mostrar el acto con naturalidad, lejos de provocar lo único que hacemos es alimentar, cosa que aún no les ha quedado claro a muchos. Un gran artículo, un abrazo!

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    1. Pues ese es un argumento clásico del feminismo, fíjate tú (por cierto, yo creo que lo que es extremo en este mundo es el machismo, de feminismo debería haber cuanto más, mejor). Lo que se ha argumentado muchas veces es que el cuerpo femenino se ha convertido en un puro objeto puesto al servicio de la masculinidad. Así se le ha quitado todo lo que le ha sido propio y se le ha dado un significado que pasa exclusivamente por la órbita de lo masculino, de sus necesidades y de sus propias concepciones. Así la sexualidad femenina se ha dado forma desde las necesidades masculinas, y los pechos se han convertido en instrumento de placer y han perdido su antigua vocación reproductiva, generadora de lazos entre la madre y el niño, en una dualidad de la que los varones quedan completamente excluidos. A mí esto me parece una expropiación en toda regla y creo que las mujeres no deberíamos permitirlo. De ahí también que se hable de empoderamiento de las mujeres a través de la lactancia: hay que volver a reclamar el cuerpo propio y a vivirlo como propio y a rechazar esa proyección sesgada que se hace desde planteamiento que se dicen universales, pero que en realidad son masculinos. Esto tiene mucho que ver también con lo que comentaba en tu post sobre el cuerpo tras el parto. Besotes!

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  10. Me emocioné con la entrevista "Tomándoselo a pecho: conversaciones sobre la teta". Paula y Ester, soy vuestra fan, jeje. Soy mamá de una pequeña bestia parda de 11 meses a quien le doy pecho en cualquier lado, vamos, que también me saco la teta donde sea "y para provocar", jeje, por supuesto me parece un acto de rebeldía y provocación, sobretodo donde estoy residiendo ahora, México, dónde está todavía más mal visto sacarse la teta en la calle que en España. Espero que nuestra lactancia se prolongue hasta cuando ella quiera y hasta cuando yo resista, jeje- porque aunque soy lactivista por convicción, también soy consciente del cansancio y agotamiento que algunos días siento debido a esto de la lactancia a demanda, que por supuesto tiene aspectos brutalmente hermosos pero otros más agotadores y desgastantes- Pero también he tenido la suerte de tener al lado a una persona que ha dejado algunas de sus obligaciones laborales y académicas para apoyarme en esto de la lactancia. Bueno, no me enrollo más, solo decir que soy española, aunque hace 5 años que vivo en México, y hace 6 meses inicié una maestría en Filosofía de la Cultura en la que estoy desarrollando una investigación acerca de la lactancia materna, y me quiero centrar en el empoderamiento femenino y el placer, asociados a la práctica de la LM. Me encantaría poder estar en contacto con vosotras para ver ir viendo la posibilidad de hacer una estancia en prácticas en España dentro de un año, y que me podáis aconsejar dónde sería mejor hacerla. Mi correo es paqui.sanz@gmail.com
    Ah, y como se comenta en el anterior post, claro que el mostrar el pecho parece algo obsceno y pornográfico, a pesar de que se haga para alimentar a un bebé. El tema es que parece más obsceno sacarte la teta para amamantar, que sacarte las tetas en la playa para ponerlas morenas- y que conste que esto último me parece perfecto-. Pero el tema fundamental, creo yo, es el objetivo, no hay problema en ver tetas en una peli pornográfica o en la playa, pues el objetivo parece que es que el deleite del sexo masculino, entonces se permite, no hay escándalo, porque las tetas están al servicio de los ojos de la sociedad patriarcal. Pero si te sacas la teta para ofrecérsela a tu bebé, parece que se está suplantando esa "función principal", cuando debería ser todo lo contrario, no? Sí, yo creo que el tema tiene un poco de enfermizo, pues cada quien, ante una misma escena, ve lo que en su cerebro se cuece, y hay quien al ver a una mujer amamantando ve simple y llanamente eso, de forma natural e incluso tierna, pero hay quien ve a una mujer desvergonzada y obscena que quiere provocar al personal. En fin, mucho trabajo por delante...

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    1. Hola! Cuánto me alegro de que te haya gustado. Pues sin duda tu persona es Ester, busca su correo en la Universidad de Granada y escríbela sin problemas, es encantadora y le gustará saber de ti. Ella ha estudiado bastante cosas de lactancia y sexualidad, así que seguro que congeniais. Yo le paso también tu correo por si acaso. Besotes grandes y mucho ánimo!

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  11. Bestial. Embobada con el tema y fascinada con tu escritura, Paula. En serio, ¡enhorabuena! Voy a por la entrevista en crudo en cuanto pueda. Besote!

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