lunes, 4 de agosto de 2014

Home Sweet Home




Las paredes de la cocina del piso en el que viví mientras estuve en Milán chorreaban de grasa. La primera vez que estuvimos en Buenos Aires el propietario de la vivienda inventarió hasta la escobilla del baño. Como ya expliqué, en nuestra última visita a Londres nos alojamos en una casa tan vieja que la electricidad se recargaba introduciendo monedas en un contador junto a la entrada. Además el suelo estaba cubierto con una “moqueta mofeta” que olía a curry y la ventana de nuestra habitación ofrecía vistas portentosas a un basurero. Durante mi Erasmus en Roma no era raro que me levantara y tropezara con los cuerpos semi-inertes de unos cuantos estudiantes barbudos y resacosos llegados en tropel desde España. Pero la palma se la lleva sin duda nuestra estancia neoyorkina. La casa de New Jersey en la que teníamos reservada una habitación fue arrasada por el huracán Sandy. Es así que nuestros huesos dieron a parar in extremis a un apartamento en el corazón de Brooklyn habitado por un músico crápula y trotamundos que nos cedía su cama y un par de perchas y se trasladaba el mismo al sofá del salón. Sin armario, sin cajones y con uno de los cuartos de baño más sospechosos que jamás he visto. Después nos mudamos a la casa de nuestra amiga Lee en Park Slope y allí pasamos unas navidades especiales, pese a que la cama estaba rota y dormíamos inclinados unos 30˚ respecto a la horizontal. En aquel lugar fuimos felices y eso que el metro pasaba cada cinco minutos junto a nuestra ventana. Finalmente nos mudamos a Franklin Avenue, siempre dentro de Brooklyn, con una compañera de piso completamente loca que nos acusó de robarle el mando a distancia de la televisión, que escurría la fregona en el fregadero y que guardaba la escoba junto a la vajilla. Estando en esa casa, una mañana encontré una cucaracha pataleando bocarriba. Aunque fue allí también donde fabricamos a Mopito.


Se puede vivir feliz casi de cualquier manera. En una casa sucia, atestada de gente, vieja, polvorienta, con un propietario maniático, con compañeros de piso desquiciados, con la cama rota, con mucho ruido, con bichos, cucarachas y pelos de gato. Se puede vivir moderadamente feliz incluso con un tipo bohemio durmiendo en calzoncillos en el cuarto de estar.


En estos años moviéndonos de aquí para allá las alegrías se imponen a las penas. Aunque nuestra primera noche en Buenos Aires ha hecho tambalear esta relación. Mopito dormía desde hacía un rato cuando entramos en la habitación, que estaba cerrada completamente, y percibimos un olor a gas que nos revolvió el cuerpo. En seguida apagamos la estufa y ventilamos el cuarto, aunque nos quedamos muy asustados. Al día siguiente el técnico certificó que en la estufa del dormitorio había una pequeña fuga y que la instalación no estaba en condiciones.  El escape era pequeño y por eso no pasó nada grave. Pero el disgusto que nos llevamos no nos lo quita nadie. Fue imposible no plantearse qué hacemos nosotros a estas alturas de la vida vagabundeando por el mundo, con lo bien que se está en casita.


Mañana nos mudamos a otro piso. Pero esta noche pasaremos frío.

12 comentarios:

  1. Ay! Lo que habéis pasado, menudo currículum!! Vosotros sabréis mejor que nadie eso de que: "Home is where the heart is" ;)

    Menudo susto lo del gas, aún siendo pequeño me imagino el disgustazo... Ánimo con la mudanza, seguro que estas experiencias en el futuro os valen la pena y os dan respuesta al qué hacemos de la vida!

    un besito!

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    1. Gracias guapa! Sí, el disgusto fue máximo, pero mira, ahora nos mudamos a una casa mejor, así que aunque perdamos un poquito de dinero, estaremos más a gusto.
      Un besote!

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  2. Menudo susto!!! Yo que también he paseado por casas en algunos países, me he acordado de cuando pasé un verano en boston y terminamos en una casa perdida en el bosque, sin comunicación, durmiendo en un altillo y con arañas en la bañera. Pero con niños es más dificil, menudo susto debisteis pasar! Espero que la siguiente casa esté en perfectas condiciones!

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    1. Mucho susto sí. Pero bueno, ya nos hemos cambiado y en esta casa todo va con electricidad! Así que no habrá nuevas sorpresas.
      Las arañas, las bohardillas, los músicos bohemios y las compañeras de piso chaladas al final forman parte de los encantos de la vida. En el momento pueden fastidiar bastante pero luego te acuerdas de todo con cariño, risa y emoción. Pero lo que nos pasó esta vez es otro rollo.
      Un besazo reina!

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  3. Madre mía...pues sí que tenéis historias para contarle a Mopito :) Menudas experiencias, aunque esta última no creo que la recordéis con mucho cariño aunque pase el tiempo.... Me alegro de que no haya sido nada grave y os cambiéis a tiempo. A mí lo del gas me da un mal rollo...prefiero electricidad, te quitas disgustos.

    Un besazo enorme familia, ánimo con el trajín de la mudanza y espero que el siguiente post sea para leer que estáis contentísimos en la nueva casa :)

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    1. No, con cariño nada. Más bien se va acentuando el sentimiento de rabia asesina. A mi el gas también me da mucho respeto, aunque la calefacción de tipo radial me gusta más (no las estufas de gas del demonio), que guarda más el calorcito que el aire. Pero la verdad es que dadas las circunstancias agradezco que en esta casa funcione todo con electricidad.
      Ha sido un finde horrible la verdad, pero hoy me sentía tan feliz de haberlo dejado atrás que casi se me ha olvidado.
      Gracias por los ánimos y un besazo enorme!!

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  4. madre mía, qué sustaco. me alegro de que todo haya quedado en eso. ¡ánimo con este nuevo comienzo! (a mí los comienzos me dan siempre una pereza horrorosa, os admiro mucho).
    un beso

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  5. Mucho susto sí! Los comienzo dan entre emoción, vértigo y cansancio. A mi siempre me ha gustado mucho este ajetreo que nos hemos traído, pero ahora ya me cansa un poco, la verdad.

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  6. Madre mía que historia, para poner los pelos de punta. Espero que en la nueva casa podáis estar a gusto, y disfrutar de la experiencia argentina. Un beso enorme.

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    1. Un sustaco, sí! Ahora estamos mucho mejor, la verdad y empezando a disfrutar de la estancia aquí que ya tocaba. Besazos reina!

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  7. Uf, qué susto, menos mal que sólo quedó en eso. La verdad es que una vez que eres madre, te planteas ciertas necesidades que antes no tenías.

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    1. Un sustazo, pero se nos olvidó fácilmente. Te cambian todas las prioridades de arriba abajo, desde luego!

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