martes, 8 de julio de 2014

El primer verano



 

Llevo toda mi vida veraneando en un pueblito andaluz de la costa, donde mi abuela tiene una casa que mira al mar. Desde la terraza se divisa la larga playa. En ningún otro rincón del planeta los pormenores de la existencia humana se dilucidan en mi cabeza con mayor intensidad y precisión que desde esa terraza, observando el océano. Algunos de mis mejores recuerdos son de los veranos en este lugar y por eso tenía muchas ganas de que Mopito lo conociera. Llegamos casi de madrugada y después de acondicionar todo un poco, acostar al niño y dejar las cosas preparadas para el día siguiente, Pedro me preguntó que qué sentía estando allí por primera vez con mi hijo. Le contesté que no sabía, que todavía no me había dado tiempo a reflexionar sobre ello. Los hijos tienen un poco ese efecto: con ellos se viven constantemente momentos trascendentales que pasan casi desapercibidos porque la rueda de la cotidianidad exige mucha energía para seguir girando.

Al día siguiente el cielo se nubló, las temperaturas bajaron y con el ocaso llegó la tormenta. El tiempo mejoró sólo un poco en los días siguientes, lo suficiente como para que yo me empeñara en bañar a Mopito pese a que él temblaba de frío y se agarraba a mi cuerpo como una lapa. El mar no le gustó, aunque como consuelo nos quedó la arena. A los dos días de estar allí empezaron los mocos, que no han dejado de salir en cascada desde entonces. Ésta ha sido la primera visita de Mopito a la playa, en absoluto idílica, muy lejos de lo que yo me la imaginaba.

En el viaje de vuelta pensaba que hay que empezar a desmitificar las primeras veces. Se me vino entonces a la cabeza uno de esos grandes recuerdos de mis veranos adolescentes. Pasó hace ya tantos años que casi no puedo creerme que la protagonista de la historia fuera yo y no una extraña. Una noche volvía a casa acompañada por un amigo que a mí me gustaba mucho. Él hablaba, me preguntaba cosas, no recuerdo qué. Apenas podía escucharle porque yo iba todo el rato pensando que en cuanto llegáramos al portal tenía que darle un beso. Mi primer beso. Así que planeé todos los detalles durante ese paseo. Abriría la puerta del portal, me volvería muy rápido, le plantaría un beso enorme en los morros, y me giraría rápidamente para entrar corriendo en el edificio. Iba a quedar muy bonito, atrevido y romántico. Cuando llegamos me latía el corazón a diez mil por hora. No sabía si sería capaz de dar el paso, pero en el último segundo pensé que no tenía nada que perder, así que metí la llave en la cerradura, abrí la puerta del portal, me giré velozmente, le di un beso de esos de película, me volví muy rápido para entrar dentro y entonces la puerta se cerró de golpe dándome un porrazo descomunal en toda la cara.

A veces los momentos transcendentales de la vida se presentan atizándote de lleno en las narices. Literalmente.

14 comentarios:

  1. Te entiendo perfectamente, quieres que Mopito sienta lo que tu sentias cuando ibas. Pero como dices las cosas no se pueden forzar. Poco a poco!!

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    1. El año que viene seguro que se entera más de todo y disfruta como nosotros. Además podrá apuntarse al pescadito!

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  2. Estoy contigo en lo desmitificar las primeras veces. Totalmente. Por regla general nunca suelen pasar tal y como habíamos pensado/planeado. Seguro que las siguientes vacaciones en familia son mejores y el tiempo os acompaña más que en esta ocasión. Genial post, por cierto. Me ha encantado tu forma de escribirlo y plasmarlo. ¡Un abrazo!

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  3. ¿Ves que yo también estoy nostálgica? ¡Un abrazo enorme!

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  4. Justo ayer, en mi otro blog (Planeando viajar con niños) hablé sobre la primera experiencia playera de mi bichilla ¡prima hermana de la que habéis vivido con Mopito!

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    1. Pobretes, si es que aún son muy pequeñines

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  5. Jaja me ha encantado la historia del beso!! Y me encanta también ese rincón del mundo que tenéis.Besos!

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  6. Sabias palabras, comadre, sabias palabras...
    Un beso enorme,
    Rosana

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    1. Sí, pero la sabiduría me llega tarde, porque no veas la vergüenza que pasé aquel día!

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  7. qué buen post!! me gusta tu blog :) voy a seguir visitandolo!

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    1. Muchas gracias y me alegro de que te guste. Aquí serás siempre bienvenida :)

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  8. Jejejeje, muy buena historia. No es bueno idealizar tanto las primeras veces, suelen ser mejores las que vienen después.

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    1. Toda la razón! Ponemos demasiadas expectativas en esos momentos y luego, cuando no son un desastre total, suelen ser bastante menos emocionante de lo que esperamos!

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