miércoles, 31 de diciembre de 2014

Doce propósitos para el 2015



Qué desaparezcan ya esos pestuños de mi mesa, por favor

El único propósito de año nuevo que he hecho en mi vida fue hace tres años: me propuse que el 1 de enero de 2012 dejaría de fumar. Mañana hará tres años que no fumo ni medio cigarro. La cosa salió bien. Así que vamos a repetir la jugada pero esta vez a lo grande, con doce propósitos para 2015

  • DOCTORARME. Ese va con letras mayúsculas y el primero de la lista, sin duda.
  • Tener más paciencia con los abuelos de Mopito, que son buena gente. Bueno, eso ya he empezado a ejercitarlo en los últimos meses de 2014 y creo que va funcionando.
  • Volver a leer por placer (y dejar los rollacos de la tesis de una vez por todas)
  • Empezar a escribir una novela. Molaría ¿no?
  • Pasar más tiempo con mi abuela. E intentar grabar sus historias.
  • No comprarle nada de ropa a Amancio Ortega, que es un malaje.
  • Apuntarme otra vez a natación. E ir, claro.
  • Volver a montar en bici, que la tengo muy aparcada.
  • Ser menos gruñona.
  • Pasar más tiempo con Pedro cuando estoy con Pedro (en lugar de estar cada uno mirando su ordenador).
  • Ir al cine de vez en cuando (no he ido ni una vez en todo el 2014).
  • Con mi último propósito os voy a dejar un poco en la intriga. De momento se queda en casa. Quizás os lo cuente durante el año, pero mientras tanto... 

¡Feliz 2015!

martes, 23 de diciembre de 2014

Un poquito de suerte tonta




Ayer fue el día de la lotería. Según leo en la prensa comprar lotería es un acto sumamente irracional y además se trata de una institución profundamente injusta socialmente ya que funciona como una especie de impuesto para el Estado, pero financiado en su mayor parte por los pobres. El impuesto de los tontos, he visto que lo llamaban en un periódico. Pues pese a todo, yo soy una entusiasta  de la lotería. Tonta perdida. No puedo evitarlo. Y me viene de familia.

Mi abuela ha ganado el gordo de Navidad dos veces. La primera vez fue en el año 1945 y gracias a ello su familia pudo reconquistar su casa. Después de la guerra, con su padre asesinado y con la sombra del republicanismo siempre rondando, se habían visto obligados a trasladarse al sótano y a alquilar el resto de la vivienda. Pero eso cambió después de un gordo que trastocó completamente su vida. A mi abuelo también le tocó, ya que compartían un número todos los de la oficina donde trabajaban ambos entonces, pero mientras que la historia de mi abuela emergiendo de las profundidades se ha convertido ya en un clásico entre las anécdotas familiares, nunca he sabido bien qué hizo él con el premio. Diez años después, en 1955, el año en que nació mi madre, volvieron a tener suerte con una participación, aunque no tanta como un hermano de mi abuelo que se hizo rico aquel 22 de diciembre.

Cualquiera un poco sensato diría que la suerte en mi familia ya no va a dar para más. Que es inútil seguir tentándola cuando ya ha dado tan buenos rendimientos. Pero qué le vamos a hacer, somos tontos sin remedio. Mi abuela a sus casi noventa y tres años sigue teniendo una fe ciega en la lotería. Todas las semanas se junta con varios boletos de la Primitiva y de los Euromillones. Todas las semanas renueva así las esperanzas de que le toque alguna cifra sustanciosa. Y hace planes. Sabe perfectamente cómo va a repartirlo y cómo va a gastarlo.

Y yo, tonta de remate, también peco con cierta frecuencia. La verdad es que todos los años estoy convencida de que me va a tocar el gordo de Navidad. Ayer miraba a Mopito de soslayo preguntándome si sería ese el pan prometido que todo el mundo dice que traen los hijos bajo el brazo (y que aquí, la verdad, de momento no hemos catado). Y bueno, a expensas de alguna pedrea ocasional, de momento el calvo de la lotería no me ha tirado los tejos. Aunque eso sí, todos los 23 de diciembre puedo congratularme de mi buen estado de salud. Que no es poco, todo sea dicho.

En fin, la suerte es tortuosa, así que ¿quién sabe si quizás el Niño....? Y mientras tanto ¡a disfrutar mucho de la Navidad!

martes, 9 de diciembre de 2014

Tag Sugestões


Gentzanetxu, que es la simpática y guapísima bloguera de Mangiare a Mesa Puesta, un blog genial sobre maternidad, comida y viajes, y Laura, la estupenda bloguera que se esconde detrás de Baberos y Claquetas, donde comparte con nosotros su maternidad y su afición al cine, me han invitado a participar en una iniciativa llamada Tag Sugestões que consiste en: presentar el blog o blogs que nos han invitado (¡hecho!); sugerir una película, una serie, una comida favorita y un libro; proponer otras dos sugerencias diferentes; e invitar a participar a otros diez blogueros. Y como yo no puedo callarme cuando me preguntan por libros y películas, aquí van mis respuestas.

Una película.
Sin pensarlo mucho, me vienen varios títulos a la cabeza de películas imprescindibles y me cuesta decantarme por una. Pero como tengo que elegir, voy a recomendar Blue Valentine, una película independiente protagonizada por dos actores que me encantan (Michelle Williams y Ryan Gosling), muy agridulce, en la que se complica un poco el clásico "y fueron felices y comieron perdices" de las comedias románticas hollywoodienses.


Una serie.
Sigo muchas series (tenéis una lista de mis series preferidas en la barra lateral derecha), así que otra vez resulta una elección complicada. Me decanto por The Knick, que es una de las más recientes. ¿Por qué? Porque la dirige Steven Soderbergh y la protagoniza Clive Owen, porque está genialmente ambientada en el Nueva York de principios del siglo XX, porque trata un tema muy conocido en series de televisión (los médicos, los hospitales) pero que adquiere toda una nueva perspectiva al trasladarlo temporalmente a esta fecha remota, por el brutal contraste que imprime en muchas escenas la música de Cliff Martínez (creador también de la espectacular banda sonora de Drive, otra película fabulosa de Ryan Gosling) y, en fin, porque es la leche. Me encantan los zapatos que lleva Clive Owen y su mirada inyectada en sangre, me encanta la bicicleta de la enfermera Elkins y me maravilla la irreconocible y sucia ciudad de Nueva York. Eso sí, no es apta para estómagos delicados.


Una comida.
Pues la tortilla de patatas. Aquí me toca tirar de clásicos nacionales, pero es así. A mí un pincho de tortilla es que me pirra. Además puede tomarse de desayuno, al mediodía, a la hora de comer, de merienda o de cena sin dar el cante en absoluto. ¿Se os ocurre algún otro plato con tanta versatilidad? Tiene la ventaja añadida de que puede ofrecerse a los amigos vegetarianos que vienen a visitarte de vez en cuando (los veganos son una causa perdida en mi casa). Y encima yo tengo al mejor maestro tortillero del mundo conviviendo conmigo, como ya expliqué, y siempre tiene sus fogones muy bien dispuestos para agradarme. ¿Se puede pedir más?



Un libro.
Esta pregunta no me resulta nada complicada. Yo no tenía un libro favorito hasta hace unos tres años. Pero entonces me leí Los detectives salvajes, de Roberto Bolaño. Me costó mucho volver a leer después de ese libro, porque sentía que no iba a encontrar nada que estuviera a la misma altura. Lo voy superando, aunque sigo pensando que es el mejor libro del mundo (ahora no leo mucho, pero por otros motivos).  ¿De qué va? De los real visceralistas, de una generación (la de mis padres), de la literatura, de la poesía, de la magia, del amor, de lo que pasa después de poner el punto y final a una novela, cuando parece que ya no hay nada que contar, cuando se acaba la aventura, cuando empieza la vida.



Mis dos sugerencias particulares:
- Un plan de tarde por Madrid (apto para niños): visitar la juguetería El Lobo Feliz, en la calle San Mateo, cruzar de acera y tomarse una tarta de zanahoria en la cafetería del Museo del Romanticismo (y si es verano en el jardincito de detrás) y perderse por Malasaña.
 

- Un sitio para comer New York Cheesecake en Nueva York: si tenéis la inmensa fortuna de dar con vuestros huesos en las calles de Nueva York y queréis probar su dulce más famoso, todo el mundo tratará de mandaros a Junior’s, muy cerca de Times Square. Mi consejo es ¡Noooor! ¡No perdáis el tiempo! ¡No vayáis a Junior’s! Id a cualquiera de los tres sitios que apunto a continuación (especialmente al primero) y me lo agradeceréis toda la vida: Two Little Red Hens, Eileen’s Special Cheesecake o Lady M Cake Boutique



Si quieren y tienen tiempo, invito a participar a:
  • Irene More
  • Begobolas
  • Así piensa una mamá
  • Moontseesteban
  • Un papá en prácticas
  • Shere y Paul
  • Madre y autónoma
  • Una princesa guisante
  • Y además mamá
  • Marujismo

*Las imágenes que aparecen en esta entrada no son mías y por tanto sobre ellas no rige la licencia Creative Commons con la que comparto el resto de fotografías de este blog. Las he tomado prestadas de las siguientes páginas web: La estación central, Museo del Romanticismo, Música y Pitanzas, Mi Nube, Los mejores planes para un viaje a Nueva York, NewYork.com y Serious Eat.


martes, 25 de noviembre de 2014

El blizzard




Una tarde de hace algo menos de dos años estábamos Pedro y yo a punto de salir de la biblioteca de la universidad neoyorkina en la que estábamos realizando una estancia de investigación cuando nos llegó un mensaje al móvil alertándonos de una terrible tormenta de viento y nieve que se avecinaba. El mensaje nos invitaba a ser precavidos y a no salir de casa mientras durase la tempestad.

Un poco asustados, nos apresuramos a coger el metro que nos iba a llevar de vuelta a nuestro hogar en Brooklyn. Para entonces todo el mundo hablaba ya del blizzard. Pero aquella noche no pasó nada. Al día siguiente, revisamos las alertas meteorológicas y nos enteramos de que la llegada de la tormenta se retrasaba hasta esa tarde. Nada mejor que hacer tiempo delante de un buen plato de sushi. Así que nos calzamos nuestras botas de nieve y nos dirigimos al japonés del barrio. El camino hasta allí fue ya algo pesado, aunque el viento era aún tolerable. Tomamos asiento en el restaurante y mientras esperábamos nos fuimos percatando de que las aceras se vaciaban progresivamente y que el ambiente se volvía gris. Quizás salir a la calle no había sido tan buena idea. Ante ese panorama, devoramos nuestros rollitos de pescado crudo a toda velocidad y emprendimos el camino de vuelta. El blizzard había comenzado. Justo en ese momento las botas de Pedro se rompieron. Eran unas botas baratas, calientes e impermeables que había comprado en Park Slope poco después de llegar a la ciudad. Le habían durado toda la estancia, pero decidieron romperse diez días antes de nuestro regreso, justo en medio del famoso blizzard. Llegamos a casa y entramos por la puerta con esa felicidad que te embarga sólo cuando atraviesas el umbral escapando de las inclemencias del tiempo. El resto de la tarde la pasamo viendo Freaks and Geeks y observando como la nieve iba progresivamente invadiéndolo todo.

Cuando nos levantamos por la mañana la nieve había formado una capa de más de un metro de espesor. Había salido el sol, los coches no circulaban y sólo se oían las risas de los niños. Nos preparamos para salir de casa. Pedro se enfundó unas bolsas de plástico dentro de sus botas rotas con la esperanza de que le ayudaran a impermeabilizar el pie. Todo fue en vano, pero aún así estuvimos paseando por Central Park nevado, y yo hice un muñeco de nieve, y luego bajamos caminando por la Novena y nos comimos una hamburguesa gigante y deliciosa en el Five Napkin Burguer, en el corazón de Hell’s Kitchen. A esas alturas el pie de Pedro ya estaba arrugadito, aunque yo había sido lo suficientemente previsora como para llevar una muda de calcetines que le permitieron afrontar otro ratito de paseo por las calles de Manhattan.

Tengo varias fotos de ese día tan feliz y cuando las miro ahora no puedo dejar de pensar que, aunque aún tardaría algunos días en saberlo, yo ya estaba embarazada. De alguna forma, esas son las primeras fotos de esta otra aventura que empezamos con los pies mojados. Por más que digan, después de la tormenta no siempre llega la calma.

jueves, 13 de noviembre de 2014

Sorteo: Un intruso en la maleta




Hemos tenido una vuelta muy convulsa. El reencuentro abuelil. El coche roto, arreglado y vuelto a romper. El casero liante de Buenos Aires. La primera fiesta de cumpleaños de Mopito. El jet-lag. Reorganizar la casa para adaptarla a un bebé en movimiento. Descubrir que de pronto la bañera puede dar mucho miedo. El coche prestado de mi madre también roto. Tortillas y croquetas en Casa Paco. Un fin de semana rural con los amigos. Las vacunas y sus fiebres subsecuentes. Y todo vivido con una gran intensidad.

Yo tenía pensadas muchas cosas para esta semana como escribir un bonito post para cantar a los cuatro vientos lo loquita de amor que estoy por mi hijo y lo bonito que ha sido tenerle cerca este último año. Y quería colgar muchas fotos de su cumpleaños, de las galletas decoradas que había encargado para la fiesta, de la tarta de zanahorias que preparé in extremis después de doce horas metida en un avión, de la preciosa avioneta de madera que le hemos regalado su padre y yo, del gorrito de aviador a juego que conseguí a precio de ganga y de los otros regalos que le hicieron. Pero la fiesta se terminó y yo no tuve ni un segundo para hacer una mísera foto.

Y también me hubiera gustado celebrarlo por todo lo alto con los amigos de la blogosfera, pero hasta ahora no he podido hablaros de un intruso muy especial que se me coló en el equipaje de mano. Lo encontré en una preciosa tiendecita de juguetes artesanales y muebles de bebé con la que me topé por casualidad en el bonito barrio de Palermo y en la que compramos la avioneta y los otros regalos de Mopito. Era difícil resistirse a los encantos de este lugar y yo me hubiera venido a cuestas con media tienda, pero cuando mi mirada se cruzó con este gatito de trapo, fabricado artesanalmente, muy amoroso y completamente abrazable, ya no tuve dudas. Así que, para festejar el primer año de Mopito y nuestra vuelta a casa, sorteamos entre todos los que queráis apuntaros este gatito molón directamente llegado de Buenos Aires.



BASES DEL SORTEO

REQUISITOS. Podéis participar en el sorteo a través de Facebook o de Instagram (tendréis una “papeleta” por cada red social con la que participéis, así que si participáis a través de ambas tendréis el doble de oportunidades de ganar). Para participar por Facebook, tendréis que 1) darle al “me gusta” en la página de Facebook de Sin Chupete y 2) compartir la noticia del sorteo públicamente. Para participar a través de Instagram, tendréis que 1) ser seguidores de Sin Chupete en esta red social y 2) compartir la imagen del sorteo en vuestra cuenta de Instagram, o bien una foto de alguno de vuestros juguetes favoritos, mencionando a @sinchupete en la foto y utilizando el hashtag #unintrusoenlamaleta. Para instagramers con perfiles privados: el sorteo está abierto a los perfiles privados, pero para que yo pueda comprobar que cumplen con los requisitos, tendrán que aceptar a @sinchupete como seguidor, al menos mientras estén inscritos en el sorteo (mandaré una solicitud para seguir a todos los perfiles privados que se quieran apuntar y que me lo hagan saber en un comentario en la foto del sorteo colgada en Instagram; tras el sorteo, me daré de baja como seguidora). 

CALENDARIO. Podéis participar desde ahora mismo hasta el 5 de diciembre de 2014. El sorteo se celebrará el día 9 de diciembre mediante la plataforma Sortea2. El 6 de diciembre colgaré una lista con los participantes y hasta el 8 de diciembre se resolverán todas las incidencias que hayan podido surgir. El envío del premio se realizará únicamente a la península.

¡Qué tengáis mucha suerte!